Viaje al infinito
Una grandiosa catarata de pensamiento inundó su mente dejándola asilada de la relación con otras mentes y en parte, de la misma realidad física. Desconectado, en su relatividad espacio temporal mental, se abrió frente a él el infinito, se sintió abrumado, sentía una soledad y un miedo inmenso al pensar en la posibilidad de quedarse así para siempre, era como un astronauta viajando sólo por el espacio para toda la eternidad, tortura eterna. Debía volver a la Tierra, de ser imposible una cápsula de cianuro aguardaba para terminar con la pesadilla. La llave de regreso se encontraba en su cabeza, pero ¿cómo sabría identificar la llave correcta sin caer en el engaño entre todo aquel ruido de pensamientos que le impedían volver a casa?... -Debe de ser algo simple pero a la vez lo suficientemente grande para descongelar ésta soledad infinita... -pensó- ¿existe algo más simple y grande que el amor y el todo unidos?... -seguía pensando mientras buscaba a la vez en su interior- ¡Dios me ama!, ¡Dios me ama!, ¡Dios me ama! -comenzó a repetir su mente una y otra vez. A cada instante encontraba más la calma, las aguas se sosegaban, el infinito se estrechaba, la soledad se compartía y el miedo cesaba, el viaje le había llevado demasiado lejos pero había encontrado la llave de regreso a casa, ya no quería volver a perderse, el infinito era demasiado grande para él; y para cualquiera.Imagen extraida de la película 2001 Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968)
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