El amanecer del sueño

brotó de lluviosa mañana,
allá en perdidos rios,
allá donde no dejan ver las montañas.
Nació donde sopla la suave brisa,
que con su música une miradas,
donde la fe crea sonrisa,
como el día al amanecer la mañana.
Estrellas son su agua, cielo, mapa y destino,
floreciendo de oscuras noches,
abriendo a cada paso un camino.
En lo alto de gran cascada,
clama por el amor una sirena,
cantando al agua triste y enamorada,
recita entre lagrimas su poema:
¡Mi alma y vida te serán entregadas!
¡pero por favor que nazca otra vez el sueño al alba!
¡que vuelvan a ser libres los prados y las montañas!
¡que se hagan azules los grises cielos!
¡que vuelvan a ser libres y claras las aguas!
Tan dulces fueron sus lágrimas,
que dulce hicieron el agua,
tan puro fue su sentimiento,
tan sinceras fueron sus palabras,
que puras quedaron las almas.
Y se sumergió la buena sirena,
feliz y enamorada nado libre al llegar el alba,
volvieron a verse claras las aguas,
volvio a ser azul el cielo,
y volvieron a ser libres las almas, los prados y las montañas.
Fue el amanecer del sueño al alba tras una noche de luna llena,
fue el amor eterno que ofreció una sirena,
fue la sinceridad en cada acto y cada palabra,
lo que salvó al mundo de morir en la pena.
Etiquetas: Ecologismo, Poesía