Cadenas de ambición

Admiraban a quien portaba el látigo, e incluso besaban sus manos, admiraban látigo y dolor, tal era su ignorancia ¡oh señor! ¡que incluso a ti rezaban mi amado Dios!. Vivían en fábricas o entre máquinas, encendido, apagado, arriba y abajo, eso era lo que ellos llamaban trabajo, por cuatro monedas vendían sus vidas, sus playas, sus bosques, sus almas... y en objetos los transformaban y coleccionaban.
¡papa! ¡papa! ¿somos humanos? -preguntaba un niño el día de su cumpleaños- ya nadie lo sabe mi pequeño ¿acaso importamos?... hace siglos que terminó el sueño, hace siglos que se soltaron las manos, creo que siempre existieron los amos...
(Banda sonora: Die Form - Cantique 1)
"..., los ciudadanos no se dejan oprimir sino arrastrados por una ciega ambición y al mirar más por debajo de ellos que por encima, la dominación les parece más querida que la independencia y consienten en llevar cadenas para poder ponerlas a su vez. Es muy dificil reducir a la obediencia a aquél que no busca gobernar y el político más hábil no llegaría nunca a someter a hombres que no quisieran más que ser libres; pero la desigualdad se extiende sin esfuerzo entre almas ambiciosas y cobardes, siempre dispuestas a correr los riesgos de la fortuna y a dominar o servir, casi indiferentemente, según les sea favorable o adversa." Jean-Jacques Rousseau - Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres
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