11 septiembre, 2008

¿Por qué se extiende la desigualdad entre los hombres?

"...aunque no intervenga el gobierno, la desigualdad de consideración y de autoridad es inevitable entre particulares tan pronto como, reunidos en una sociedad, se ven forzados a compararse entre sí y a tener en cuenta las diferencias que encuentran en el trato continuo y recíproco. Estas diferencias son de varias clases; pero como, en general, la riqueza, la nobleza, el rango, el poderío o el mérito personal son las distinciones principales por las cuales se mide a los hombres en la sociedad, probaría que la armonía o el choque de estas fuerzas diversas constituyen la indicación más segura de un Estado bien o mal constituido; haría ver que entre estas cuatro clases de desigualdad, como las cualidades personales son el origen de todas las demás, la riqueza es la última y a la cual se reducen al cabo las otras, porque, como es la más inmediatamente útil al bienestar y la más fácil de comunicar, de ella se sirven holgadamente los hombres para comprar las restantes, observación que permite juzgar con bastante exactitud en qué medida se ha apartado cada pueblo de su constitución primitiva y el camino que ha recorrido hacia el extremo límite de la corrupción. Señalaría de qué manera ese deseo universal de reputación, de honores y prerrogativas que a todos nos devora, ejercita y contrasta los talentos y las fuerzas, cómo excita y multiplica las pasiones y cómo al convertir a todos los hombres en concurrentes, rivales o, mejor, enemigos, origina a diario desgracias, triunfos y catástrofes de toda especie haciendo correr la misma pista a tantos pretendientes. Demostraría que a este ardiente deseo de notabilidad, que a este furor de sobresalir que nos mantiene en continua excitación, debemos lo que hay de mejor y peor entre los hombres, nuestras virtudes y nuestros vicios, nuestras ciencias y nuestros errores, nuestros conquistadores y filósofos; es decir, una multitud de cosas malas y un escaso número de buenas. Probaría, en fin, que si se ve a un puñado de poderosos y ricos en la cima de las grandezas y de la fortuna, mientras la muchedumbre se arrastra en la obscuridad y en la miseria, es porque los primeros no aprecian las cosas de que disfrutan sino porque los otros están privados de ellas, y que, sin cambiar de situación, dejarían de ser dichosos si el pueblo dejara de ser miserable." Jean-Jacques Rousseau - Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1754) (continúa en el primer comentario).

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03 agosto, 2007

Dos formas de desigualdad para Jean-Jacques Rousseau

"Concibo dentro de la especie humana dos formas de desigualdad; una que llamo natural o física, porque está establecida por la naturaleza y que consiste en la diferencia de años, de salud, de fuerza corporal y de cualidades del espíritu o del alma; otra otra que se puede llamar desigualdad moral o política, por que depende de una cierta convención y está establecida, o al menos autorizada, por el consentimiento de los hombres. Esta última consiste en diferentes privilegios de los que algunos disfrutan en detrimento de los demás, tales como ser más ricos, más honorables, más poderosos que ellos, o incluso hacerse obedecer." Jean-Jacques Rousseau - Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1754)

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14 enero, 2006

¿Cómo nacieron la desigualdad y los malos sentimientos?

"A medida que el género humano se extendía las labores se multiplicaron con los hombres." La fórmula traiciona la nostalgia de una soledad ya amenazada. La dificultad para subsistir, cada vez más grande, fuerza al hombre a la ingeniosidad; al ganar a los animales con más sutileza, siente "el primer movimiento de orgullo". Conoce su superioridad; se pone en primer puesto. La desigualdad ha nacido, pero es todavía inocente, porque no reina entre los hombres. Pero la ingeniosidad hace nacer "varias clases de comodidades desconocidas" hasta ese momento y que pronto se transforman en necesidades. Se constituyen las familias, los cazadores se asocian para acosar la presa, los hombres, en fin, "se aproximan lentamente los unos a los otros, se unen en diversas manadas". Es la edad de las cabañas y el nacimiento del amor. Edad feliz, porque cada cual trabajaba solo y nadie necesita "el socorro del otro": los hombres pueden disfrutar "entre ellos de las dulzuras de un comercio independiente".

Sin embargo, y mucho antes de que aparecieran la propiedad, la subordinación, la dependencia, el gusano estaba ya en la manzana. Es curioso pero revelador que para Rousseau los responsables del nacimiento de los malos sentimientos sean los juegos y las artes:

"Se acostumbraron los hombres a congregarse ante las cabañas o alrededor de un gran árbol: el canto y la danza, auntenticos hijos del amor y del ocio, se convirtieron en la diversión o, mejor, en la ocupación de los hombres y de las mujeres ociosos y agrupados. Cada uno empezó a mirar a los demás y a querer ser mirado él mismo, y la estima pública tuvo precio. El que cantaba o bailaba mejor, el más bello, el más fuerte, el más hábil o el más elocuente fue el más considerado, y éste fue el primer paso hacia la desigualdad y al mismo tiempo hacia el vicio: de estas primeras preferencias nacieron, por un lado, la vanidad y el desprecio; por otro, la verguenza y la envidia; y el fermento provocado por estas nuevas levaduras produjo finalmente compuestos fatales para la felicidad y la inocencia." Jean-Jacques Rousseau - Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (1754
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