02 noviembre, 2007

Un libro es una herida

Usted ha escrito: "Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser un peligro." ¿En qué sentido son peligrosos sus libros?

"Bueno, mire usted: me han dicho muchas veces que lo que yo escribo en mis libros no debe decirse. Cuando saqué el Précis, el crítico de Le Monde me mandó una carta de reconvención. "¡Usted no se da cuenta, ese libro podría caer en manos de jóvenes!" Eso es absurdo. ¿Para qué van a servir los libros? ¿para aprender? Eso no tiene ningún interés, para eso no hay más que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarle. Puesto que los libros que he escrito han surgido de mis malestares, por no decir de mis sufrimientos, es preciso que en cierto modo transmitan esto mismo al lector. No, no me gustan los libros que se leen como quien lee el periódico, un libro debe conmoverlo todo, ponerlo todo en cuestión. ¿Para qué? Bueno, no me preocupa demasiado la utilidad de lo que escribo, porque no pienso realmente nunca en el lector; escribo para mí, para librarme de mis obsesiones, de mis tensiones, nada más. Una señora escribía hace poco sobre mí en Le Quotidien de Paris: "Cioran escribe cosas que cada uno se repite en voz baja". No escribo proponiéndome fabricar "un libro", para que alguien lo lea. No, escribo para aliviarme. Ahora bien, después, meditando sobre la función de mis libros, es cuando pienso que debieran ser algo así como una herida. Un libro que deja a su lector igual que antes de leerlo es un libro fallido." Emile Michel Cioran - Conversación con Fernando Savater (1977)

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