26 febrero, 2008

La negra Tomasa y el especismo

La noble señora repatingó su corpachón en el sofá, como para sorber más a gusto su té.

-- Ven, Tomasa. Hazme compañía. Esta tarde se me ha hecho tan aburrida....

Tomasa se acercó al sofá, y no atreviéndose a sentarse junto a su señora, asentó sus enormes nalgas sobre la alfombra.

--- Señora, ¿puedo peguntale algo a usté? -- Lo que quieras, Tomasa.... --- ¿Pol qué lo' negro somo' esclavo de lo' blanco'? --- Ay, Tomasa, qué preguntas. Lo que pasa... lo que pasa es que esa es la ley de la naturaleza. -- No entiendo, mi señora. --- ¿Ya ves? --- dijo la señora esbozando una sonrisa pícara. --- A eso me refiero. No entiendes porque perteneces a una raza que no es capaz de entender ciertas cosas. Eres diferente. No es que seas mala, o fea. Nada de eso. Sólo diferente. --- ¿Y cómo así? --- Mira, los blancos hemos construido una civilización. ¿Sabes lo que es eso, no? Tenemos grandes edificios, tenemos libros, filosofía, orquestas, ópera, comercio, economía, ciencia, tecnología... en fin.... tantas cosas que tu raza, a pesar de haber vivido el mismo tiempo que la nuestra, nunca ha producido. -- Bueno, eso e' cielto, pero... --- Les hemos enseñado a tu gente a hablar una lengua culta, les hemos enseñado a adorar al verdadero Dios, les hemos mostrado toda una serie de cosas que ustedes jamás imaginaron. Los hemos rescatado. -- Yo la quiero mucho, mi señora... pero a vece', no sé... me gustaría conocel Aflica, la tiela de mi madre, y no sé.... quedalme a vivil allí y .... --- ¿Y qué harías en África, Tomasa? ¿Correr en taparrabos, con los senos al aire? ¿Morir de malaria? ¿Beber agua infestada de parásitos? ¿Andar descalza? ¿Nunca más ver una linda casa, un rosal, o copos de nieve? --- Tal ve' tiene usté razón... --- La tengo. --- Pero entonce'.... me gustaría al menos podel ilme a donde yo quisiera aquí en ete paí... usté sabe, sel lible como dicen.... --- ¿Ser libre? ¿En este país?

La señora se acercó al borde del sofá, y acarició levemente la cabeza de la negra:

--- Un negro en este país, en libertad, sin un amo que lo cobije, viviría un verdadero infierno. ¿Acaso tienes propiedades? ¿Una educación que te permitiera vivir con dignidad? ¿Cómo te comprarías un terreno, una casa? ¿A qué escuela enviarías a tus hijos? Sobre todo, ¿cómo conseguirías escapar de la gente mala?

La señora tomó entre las suyas las manos de la negra.


--- Allá afuera hay gente muy mala, Tomasa. Tú no conoces el mundo. Hay gente encapuchada que persigue negros para quemarlos vivos. La gente los conoce como el Ku Klux Klan. Hay hombres que abusan de las mujeres negras. Otros que las meten a la prostitución. Y los de tu raza terminan alcoholizados, devastados por al sífilis, temiendo y dudando hasta de su propia sombra. Y yo no quiero eso para ti. Quiero que vivas aquí, en mi casa, alimentándote bien... ¿o no te he tratado bien? --- Pos sí... --- Te he tratado casi como si fueras una de los nuestros, una miembra de esta familia... --- Así le oí hablar un día de su pelita.... que a ella la tlata como si fuera...

La señora se puso de pie, impaciente.


--- No seas insolente, Tomasa. ¿Cómo puedes comparar una cosa con otra? Hay diferencia entre una mujer y una perrita... como hay diferencia entre una mujer blanca y una negra. Todo en este mundo sigue un orden, Tomasa: Los perros no pueden tener los derechos de una negra, como la negra no puede tener los derechos de una blanca... --- Y ¿qué derecho tengo yo, mi ama? --- ¡Derecho a mi protección! Te lo diré por última vez: Libertad en este país significa muerte. Libertad en África significa muerte también. Allá las tribus viven en guerra unas contra otras. Acabarías prisionera y vendida como esclava a amos mucho peores. Y aquí acabarías avergonzada en tu propia miseria, en una tierra extraña que sólo significaría algo para ti cuando vives al lado de un ama condecendiente como yo.

El te se había enfriado. Tomasa se había quedado callada.


--- Yo sólo soy una mujer entre miles de mujeres que poseen esclavos, Tomasa. Debes de entender eso. Yo no inventé la esclavitud, ni porque te conceda la libertad acabaré con ella. La esclavitud es parte de la vida.... así ha sido por generaciones.... así ha sido siempre. Si por liberarte acabara yo con la esclavitud de todas las buenas Tomasas que existen por ahí... y si tuviera garantías de que vivirías bien, de que no sufriríás, te liberaría en este mismo momento.... pero no las tengo. Tendrás que conformarte con mi compasión cristiana y hasta mi cariño. ¿Es que eso no te basta? --- Quizá tiene razón, mi ama. --- Siempre la tengo, Tomasa.

La señora se retiró a su habitación. Tras la señora caminaba la negra, siempre dos pasos atrás. Y tras la negra, la perrita. "Todo tiene su olden en este mundo" se repitió Tomasa en silencio.... y sintió, por un breve momento, entre pecho y espalda, algo parecido a la felicidad...

Por Homínido.

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ENTRADA CON 2 COMENTARIOS

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Blogger Mariana dice lo siguiente:

¡Gracias por compartir esta historia! Todo tiene tanto sentido... ahora justo que tomo un diplomado de relaciones de género... lo malo es que piensan que lo mío es tan "sólo" una "ideología"... yo lucho... yo lucho...

sábado, marzo 08, 2008 6:52:00 a. m.  

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Blogger zen dice lo siguiente:

RACIONALIZACIÓN DE PREJUICIOS: LAS TEORIAS RACISTAS EN EL DEBATE ESCLAVISTA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX

Marta Casas Castañé


Hace más de un siglo la ciencia (...) redescubrió y, se dice, demostró que unos hombres eran distintos a otros, que esta diferencia se basaba en razones morfológicas y conllevaba una jerarquización y un derecho de opresión de los seres humanos. J. L. Peset (1983, p.9)

Los prejuicios y su racionalización.

El estudio de la naturaleza de los prejuicios y cómo estos influyen en las actitudes, ha sido un tema largamente tratado desde la perspectiva de la psicología social. Esta disciplina, confluencia del estudio de los comportamientos individuales y sociales, ha hecho un gran esfuerzo, en primer lugar, por definir qué es el prejuicio(1) y, a partir de esta primera definición, desarrollar el concepto de prejuicio social o prejuicio étnico, referido a aquellos prejuicios, habitualmente negativos, que se dirigen contra un grupo social o étnico determinado(2).

Según los psicólogos sociales, el hombre tiene una propensión al prejuicio en la medida que tiende a formar generalizaciones o categorías(3) que le permitan simplificar su mundo de experiencias(4). Estas categorizaciones, basadas en estereotipos(5), se convierten en prejuicios siempre que no sean reversibles bajo la acción de conocimientos nuevos.

La psicología social considera que el prejuicio actúa como una forma de pensamiento autístico, es decir, un proceso inconsciente y subjetivo, por contraposición al pensamiento dirigido propio del razonamiento, y que necesita de una racionalización para validarse. Algunos psicólogos sociales han planteado la cuestión de si los prejuicios que gozan de una aceptación social generalizada pueden considerarse o no prejuicios. A esta disyuntiva, Allport, uno de los psicologos sociales que ha tratado más ampliamente el tema, responde con contundencia: un prejuicio no es una valoración negativa de una desviación social, sino que es un hecho psicológico objetivo que puede o no ser condenado socialmente.

La historia del pensamiento y la ciencia nos muestra varios ejemplos de intentos de racionalización de algunos prejuicios que han sustentado y mantenido situaciones de discriminación y explotación de determinados grupos sociales o culturales a lo largo de varios siglos. Un rápido repaso a las teorías racistas de la primera mitad del siglo XIX nos sirve como ejemplo para ilustrar cómo la ciencia intenta (y consigue) racionalizar estos prejuicios dominantes.

Para mi exposición, me baso en las obras de Marvin Harris, El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura (1987) y de José Luis Peset, Ciencia y marginación. Sobre negros, locos y criminales (1983).

De la Ilustración al siglo XIX: el monogenismo.

Ya durante la Ilustración se intentó explicar por qué las diferentes ramas de la humanidad habían avanzado de distinta manera hacia la razón. Pero aunque existieron durante esta época teorías racistas(6), fueron muy minoritarias hasta el siglo XIX y tuvieron mucho más peso las teorías de tipo cultural. La creencia generalizada durante el siglo XVIII era un monogenismo basado en el libro del Génesis, que establecía a Adán y Eva como antepasados comunes a todos los hombres, y en un ecologismo que explicaba las variaciones humanas; las razas, por tanto, eran producto de las influencias del entorno. Esta teoría, además, estaba matizada con la doctrina de la perfectibilidad, según la cual la humanidad podía ser conducida a través de ilimitados estadios de progreso hasta la perfecta felicidad terrenal. La teoría superó la Revolución Francesa, pero con dificultades: parecía poco probable que todos los hombres pudieran participar por igual del progreso que una rama de la humanidad estaba logrando.

A partir de esta primera teoría, a lo largo del siglo XIX las teorías racistas adquieren una importancia fundamental en el debate teórico sobre las culturas humanas. Marvin Harris interpreta este hecho como un intento de la ciencia (antropología, física, química, biología) para racionalizar determinados prejuicios que mantienen y difunden la sociedad capitalista. Los prejuicios raciales estaban ampliamente difundidos durante el siglo XIX y eran aceptados socialmente como realidades objetivas. El auténtico debate del siglo no es, por tanto, sobre la veracidad de estos prejuicios, ya que prácticamente todos los científicos aceptan la desigualdad entre las razas humanas y la relación jerárquica entre ellas. La discusión real será sobre el origen de las razas, entre monogenistas y poligenistas, y, a otro nivel, sobre la legitimidad moral del sistema esclavista.

Los autores más representativos de las teorías monogenistas a principios del siglo XIX son Johann Blumenbach y Georges Louis Leclerc, conde de Buffon. Estos autores, basándose en la narración del Génesis (la fuente básica utilizada durante el siglo XVIII y parte del XIX para establecer los orígenes del hombre), sostenían que Adán y Eva habían sido blancos a imagen de Dios y que las diferentes pigmentaciones más oscuras de la piel se debían a un curso degenerativo producido por factores ambientales que incluso podía llegar a invertirse(7). Esta teoría, por tanto, racionalizaba el prejuicio que atribuía a las razas no blancas, y especialmente la negra, valores de inferioridad física, moral e intelectual, con esta supuesta degeneración de la especie humana.

Más adelante, aparecen nuevas teorías monogenistas de la mano de James Cowles Prichard, antropólogo inglés que sostenía que Adán había sido negro y, bajo la influencia de la civilización, el hombre había ido gradualmente conviertiéndose en blanco. El argumento, por tanto, simplemente cambia de sentido pero mantiene la misma dirección. La historia del hombre representaría una línea evolutiva y la raza blanca se encontraría en el estadio superior.

Ambas teorías pueden considerarse racistas en el sentido que ponen el énfasis en la cuestión de las razas, pero no han llegado aún al determinismo racial, que explicaría la diferente situación de los distintos grupos humanos por las diferencias biológicas atribuíbles a las diferentes razas, como veremos más adelante, sino que establecen que las razas son fruto de una evolución y consideran la perspectiva ecológica. Incluso, en las filas monogenistas, no faltan los autores que ya en el siglo XVIII sostienen la igualdad racial, como John Hunter o Johann Herder, anticipándose a los argumentos contra el etnocentrismo de la primera mitad del siglo XX(8).

Determinismo racial y poligenismo.

Contribuyó al abandono del principio de la perfectibilidad del siglo XVIII la atención cada vez mayor que empezó a prestarse a la antropometría(9), especialmente a las mediciones cefálicas o craneometría, mediante la cual, los antropólogos pretendían estudiar los componentes innatos de la conducta. En 1825, John Gall fundó la frenología(10), según la cual la mente humana constaba de una serie de facultades diferentes, cuya fuerza o debilidad podía detectarse midiendo las correspondientes regiones del cráneo. La ciencia aportaba con ello, a principios del siglo XIX, un argumento biologista para las teorías racistas, que culminó con el establecimiento del índice cefálico por Anders Retzius el 1840, que se podía obtener con considerable precisión y que se convirtió en el elemento clave de la antropometría durante el resto del siglo prácticamente hasta que Franz Boas demostró, en 1912, la importancia de los factores ambientales en la forma del cráneo(11). Aunque Gall no aplicó la frenología a los grupos raciales, sus seguidores sí la utilizaron para este fin. Uno de ellos, George Combe, fue quien animó a Samuel Morton a empezar su colección de cráneos(12). Tambien William Lawrence y W. F. Edwards utilizaron la frenología para demostrar las diferencias raciales.

Pronto aparecieron con fuerza las doctrinas poligenistas que rechazaban la autenticidad del relato del Génesis y consideraban que las diferencias raciales eran fruto de creaciones separadas. Dichas teorías aparecen ya en el siglo XVIII, derivadas de ciertas exégesis heréticas de la Biblia del siglo XVII. Algunas de ellas defendían, por ejemplo, que Adán había sido el progenitor sólo de los judíos(13) y que otros pueblos descendían de antepasados preadamitas. Algunos filósofos de la Ilustración (Voltaire y Hume entre otros) fueron poligenistas en la medida que la crítica de la Biblia formaba parte del ataque racionalista a la religión revelada, y utilizaron argumentos del determinismo racial. Voltaire, por ejemplo, mantenía que el grado de civilización menor de los negros era resultado directo de su inteligencia inferior

En la segunda mitad del siglo XIX, la discusión sobre la cuestión del esclavismo será el motor del desarrollo de las teorías racistas. Tanto esclavistas como abolicionistas basarán sus teorías en posiciones racistas. El desarrollo del determinismo racial en Gran Bretaña estuvo muy relacionado con esta disputa, existiendo dos facciones, encabezadas por James Prichard y Robert Knox, seguidores ambos de William Charles Wells(14) y que tuvieron una clara influencia en la obra de Darwin. Tambien en Alemania y en Francia se desarrollaron estas teorías con las obras de autores destacados como Gustav Klemm(15), Theodor Waitz(16) y J. A. de Gobineau(17). Incluso Hegel y Comte incluyeron factores raciales en sus análisis de la historia del mundo.

Pero a pesar del peso de las teorías racistas de la antropología, durante el siglo XIX existió una corriente de igualitarismo racial, representada por John Stuart Mill, y tambien los reformadores y revolucionarios socialistas y comunistas representaron la oposición al racismo decimonónico.

Esclavistas versus abolicionistas.

Hacia mediados del siglo XIX, como he comentado, existe una importante implicación de las teorías poligenistas en la cuestión de la esclavitud. La discusión científica pone su émfasis en la supuesta inferioridad del negro. En palabras de Peset: "¿Cuándo empieza la ciencia occidental a condenar al negro?¿Cuándo decide su inferioridad biológica y antropológica? Creo que se puede afirmar sin dificultad que es a mediados del siglo XIX"(18).

Este mismo autor(19) reflexiona sobre el papel que empieza a desempeñar el negro en la literatura y en el teatro durante la primera mitad del siglo XIX: se representa muchas veces como figura cómica, a veces amable, pero siempre servil y pobre. En la década de 1830, esta figura adquiere una gran importancia en las representaciones teatrales, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña. Y junto a esta visión, la de las novelas románticas de viajes y aventuras en las que aparecen los peligrosos salvajes africanos. El papel del negro en la literatura, por tanto, ya evidencia la existencia de determinados prejuicios hacía él.

Puesto que los poligenistas aceptaban generalmente el determinismo racial, algunos de los más fanáticos defensores de la esclavitud fueron poligenistas, como Edward Long, que atribuía a los negros cualidades negativas y cuya obra fue reimpresa en Estados Unidos y utilizada como fuente de los argumentos racistas en favor de la esclavitud; según él eran "brutales, ignorantes, holgazanes, taimados, traidores, sanguinarios, ladrones, desconfiados y supersticiosos"(20). La obra de Long influyó en el médico de Manchester Charles White, que intentó demostrar con pruebas anatómicas la existencia de cuatro especies separadas de perfección decreciente en el siguiente orden: europeos, asiáticos, americanos y africanos. Aunque personalmente se oponía a la esclavitud, consideraba a los negros en una posición más cercana a la de los monos que a la de los caucásicos; afirmaba que "tenían el cerebro más pequeño, los órganos sexuales más grandes, olían a mono y eran insensibles al dolor"(21).

Pese al uso de teorías poligenistas por parte de los esclavistas, no se puede establecer una relación directa entre esclavistas y poligenismo de un lado, y abolicionistas y monogenismo del otro, sino que las distintas posiciones ante la esclavitud se fundamentan indistintamente en argumentos poligenistas o monogenistas.

En Estados Unidos, Samuel George Morton creó la Escuela Americana de Antropología(22), a principios del siglo XIX, defendiendo las tesis poligenistas. Morton era médico y profesor de anatomía, y basó sus conclusiones en el estudio de su colección de cráneos humanos. Sostenía que cada raza tenía una filogenia(23) separada y específica que se remontaba a varios miles de años, intentando evadir, en un primer momento, la cuestión del origen unitario del hombre para evitar un conflicto con los dogmas teológicos, dando a entender la posibilidad de una intervención divina posterior a Adán. Pero a partir de mediados del siglo XIX, sostiene ya una teoría completa sobre la poligénesis divina, y deja bien sentada la imposibilidad de mejora de las razas inferiores, negando el transformismo aceptado por autores anteriores.

Morton tuvo seguidores como el naturalista Harvard Louis Agassiz, George R. Gliddon y Josiah Clark Nott. Este último fue el primer científico en expresar públicamente la convicción de que en la creación Dios había hecho varias especies humanas diferentes y, por tanto, que había varias creaciones, perfectamente adaptadas al medio. Gliddon y Nott publicaron en 1854 Types of Mankind, obra en que sostenían que "las razas humanas eran especies distintas creadas separadamente y dotadas cada una de ellas de una naturaleza física y moral constante y sin desviaciones, que sólo podía modificarse por hibridación"(24). Agassiz, en principio es partidario de la existencia de varias razas, pero con el tiempo llegará a considerar especies distintas, muy diferentes entre sí y muy adaptadas al medio y a la fauna donde viven. Otro autor poligenista que recogió la obra de Nott pero se distanció de la Escuela Americana, es William Frederick van Amringe, que sostiene la diversidad de especies humanas, consiguiendo una conciliación con el relato bíblico a través de la idea de que la especie semítica se separa de las demás.

Respecto a la cuestión de la esclavitud, la Escuela Americana tuvo distintas posiciones. Por un lado Morton y Agassiz, a pesar de sostener el determinismo racial y la inferioridad de la raza negra, negaron cualquier interés por mantener una actitud esclavista, al contrario de Nott y Gliddon, que afirman que para una especie inferior la esclavitud es la forma de vida más humana. Entre los partidarios de la esclavitud, encontramos tambien autores monogenistas como John Bachman, uno de los más importantes adversarios de las teorías desarrolladas por la Escuela Americana. Bachman utilizaba una argumentación bíblica para defender la superioridad de la raza caucásica: a pesar del origen común del hombre en el Génesis, existía una división posterior, a partir de los hijos de Noé(25): los descendientes de Sem eran los antecedentes de la raza caucásica; los mongoles eran descendientes de Jafet (muchos de ellos continuaban viviendo en tiendas como la Biblia había predecido); y Cam era el antepasado de los negros, raza de siervos. La esclavitud tiene su justificación moral, según Bachman en la protección y mejora de la raza negra por parte de la raza blanca, argumento ampliamente retomado por los esclavistas.

La cuestión de la esclavitud no se vivió del mismo modo en Europa, aunque la crisis que produjo la guerra civil americana tuvo sus repercusiones. Con anterioridad a la guerra, Gran Bretaña contaba con una tradición abolicionista iniciada ya entre los años 1830 y 1840, representada por la Aborigines Protection Society. Según Peset, la crisis americana provocó un cambio en la posición británica, al peligrar sus intereses: "la prensa y la política inglesa fueron antiabolicionistas por esos años, pues temían el triunfo del Norte, industrial, abolicionista y proteccionista, un peligroso competidor. Sus fábricas peligraban, pues el algodón escasearía si su filantrópico librecambismo y el trabajo negro desaparecían de América"(26).

Así, en Gran Bretaña habían aparecido dos facciones: una relacionada con la Sociedad Antropológica de Londres, que, continuando la tradición de Prichard, sostenía la doctrina de la perfectibilidad y era antiesclavista (pero no antiracista), y otro grupo, que seguía a Robert Knox y negaba la doctrina de la perfectibilidad, era poligenista y partidario del Sur y de la esclavitud. Sólo las síntesis de Spencer y Darwin lograron resolver la disputa al final de la década de 1860 y celebrar formalmente la unidad conseguida fundando la Real Sociedad Antropológica de Gran Bretaña e Irlanda, que mantenía la posición racista. Por tanto, la antropología se identifica claramente, en su nacimiento, con el determinismo racial. Entre los abolicionistas, había tambien monogenistas como Sir William Lawrence, que a pesar de aceptar la innata inferioridad de los no caucásicos y compartir la teoría degeneracionista de Blumenbach, criticaba sin reservas la esclavitud y consideraba el deber moral de las razas superiores en la defensa de las inferiores, basándose en el sentido de la caridad cristiana.

Vemos aquí, por tanto, algunos ejemplos claros aunque aparentemente contrapuestos de racionalización de una práctica, el esclavismo, basada en determinados prejuicios raciales. Paradójicamente, los abolicionistas no podían apoyarse en una justificación científica puesto que no se desarrolló en los Estados Unidos, hasta medio siglo más tarde ninguna escuela antropológica que defendiera la igualdad de los hombres; los únicos argumentos utilizados por los abolicionistas eran argumentos morales procedentes del Nuevo Testamento.

Según Harris, todas estas teorías no serían más que un intento de racionalización(27) del imperio, y sostiene que, finalmente, las teorías evolucionistas liberan al hombre blanco "de su conciencia de culpabilidad por su incapacidad para sobrellevar como debía el peso de la caridad cristiana"(28). El debate científico, por tanto, estaba al servicio de unos intereses muy concretos. En palabras del mismo Harris:

"El racismo resultaba útil también como justificación de las jerarquías de clases y de castas; como explicación de los privilegios, tanto nacionales como de clase, era espléndido. Ayudaba a mantener la esclavitud y la servidumbre, allanaba el camino para el despojo de África y para la atroz matanza de indios americanos y endurecía los nervios de los capitanes de industria cuando bajaban los salarios, alargaban la jornada de trabajo y empleaban a más mujeres y más niños."(29)

José Luis Peset, en su aproximación al tema, tambien nos habla de las teorías racistas en términos similares. Según este autor la guerra civil norteamericana y la cuestión de la esclavitud son los ejes reales del debate decimonónico. Así, la ciencia occidental empieza a condenar al negro a mediados del siglo XIX con una clara intencionalidad política.

Las teorías evolucionistas: Darwin y Spencer.

En pleno debate entre monogenistas y poligenistas es cuando Darwin publica su Origin of species (1859). Según Marvin Harris existen unas tendencias ideológicas subyacentes que condicionan el desarrollo de lo que él considera la síntesis darwinista: la insatisfacción de los científicos con la versión bíblica de la creación, la presión cada vez mayor para que se volviera a la doctrina del progreso humano y la intensificación de la arrogancia racista, de la cual era un ejemplo la biologización de la teoría sociocultural, tendencias que considera presentes ya en la obra de James Cowles Prichard. La teoría darwinista había conseguido finalmente conciliar, según Thomas Huxley, todo lo bueno de las teorías monogenistas y poligenistas. Finalmente, llegó a aceptarse que todos los grupos humanos contemporáneos pertenecían a la misma especie, pero continuó existiendo hasta el siglo XX el debate con la línea que enlaza a los poligenistas anteriores a Darwin con James Hunt y algunos autores del siglo XX (Ernest Hooton y Carlton Coon), insistiendo en una filogenia separada e intentando mantener una genealogía específica de los caucasoides.

Por tanto, las teorías evolutivas de Darwin y Spencer marcan un giro importante en el debate científico a partir de la segunda mitad del siglo XIX, que coincide tambien con un cambio en las motivaciones sociales. Por un lado, según Harris, el racismo continua siendo útil no sólo para el mantenimiento de la esclavitud, sino tambien para las luchas de clases y las guerras nacionales, pero aparece una ideología paralela, específica del empresariado industrial: la doctrina del laissez-faire, que, en un contexto capitalista, justifica la competencia, el trabajo asalariado, los beneficios y la acumulación de capital. Spencer y Darwin habrían sido capaces de conectar la guerra, la raciación y la competencia en el mercado encontrando un componente común: la lucha por la vida operando en todas las esferas de la vida, en una única ley de la evolución, "para completar así la biologización de la historia sin abandonar el sueño de la Ilustración del progreso universal".

Conclusiones.

En la primera mitad del siglo XIX, el sistema esclavista choca frontalmente con el desarrollo imparable del capitalismo. Ambas posturas deben legitimarse y se sustentan en prejuicios sobre la supuesta desigualdad de las razas y, en especial, en la supuesta inferioridad de la raza negra. Aceptar la condición inferior de los negros permite legitimar su explotación sin entrar en contradicción con los principios morales cristianos dominantes. Por tanto, es necesaria la racionalización de estos prejuicios mediante la ciencia; es necesario revestir el debate moral de cientifismo. Porque el debate que originó las teorías del determinismo racial no fue una simple discusión científica sino que existió tambien un profundo debate moral. Así, la ciencia se usa como instrumento para legitimar las posiciones de esclavistas y abolicionistas, esto es, para la mera racionalización de actitudes prejuiciosas que han sido decisivas en la historia del mundo occidental y que suponen un lastre muy importante en nuestras concepciones culturales.

Evidentemente, este no es el primero ni el único caso de este uso de la ciencia. Tenemos múltiples ejemplos de este tipo de racionalizaciones ya desde el siglo XVI con el descubrimiento del Nuevo Mundo. Y a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la aparición de las teorías evolucionistas de Darwin y Spencer no acaban, ni mucho menos, con esta cuestión. De hecho, las teorías racistas han tenido una triste continuidad hasta nuestros días, como es de todos conocido.


Notas

1. Allport (1962) acepta la definición del New English Dictionary, según la cual el prejuicio es "un sentimiento, favorable o desfavorable, con respecto a una persona o cosa, anterior a una experiencia real o no basado en ella".

2. Allport (1962) lo define como "una actitud hostil o prevenida hacia una persona que pertenece a un grupo, simplemente porque pertenece a ese grupo, suponiéndose por lo tanto que posee las cualidades objetables atribuídas al grupo". Jones (1972, citado por Brown, 1996) utiliza la siguiente definición del prejuicio social: "el juicio negativo previo de los miembros de una raza o religión o los ocupantes de algún otro rol social significativo, con indiferencia de los hechos que lo contradicen". La definición de Brown (1996) es la siguiente: "la posesión de actitudes sociales o creencias cognitivas despectivas, la expresión de afectos negativos, o el despliegue de comportamientos hostiles o discriminatorios hacia miembros de un grupo a causa de su pertenencia a ese grupo".

3. Según la psicología social, las categorías son cualquier unidad de organización subyacente en las operaciones cognitivas, que nos permiten identificar rápidamente un objeto por sus rasgos comunes.

4. Según Allport (1962), la vida tan corta y la exigencia de adaptación tan grande nos lleva a la necesidad de ordenar y clasificar los objetos del mundo en categorías amplias para guiar nuestros ajustes diarios, puesto que no podemos detenernos en considerar todos los objetos uno a uno.

5. Los estereotipos no son idénticos a las categorías, sino más bien las ideas fijas que las acompañan; son imágenes inherentes a una categoría, invocadas por el individuo para justificar el prejuicio y cuya función es justificar (racionalizar) su conducta en relación a esa categoría.

6. Con el rótulo de teorías racistas me refiero a todas aquellas que explican las diferencias entre los diversos grupos humanos basándose en postulados que utilizan el concepto de raza como base.

7. "Tanto Blumenbach como Buffon pensaban que el curso degenerativo de la aparición de las razas podía invertirse y que con un adecuado control del medio todas las formas contemporáneas del hombre podían volver al original". (Harris, 1987, p.73)

8. Me refiero al desarrollo de la crítica al etnocentrismo por parte del particularismo histórico de Boas.

9. La antropometría es la rama de la antropología física que mide las diferentes partes del cuerpo humano y determina sus proporciones, tomando como referencia los puntos somáticos y craneométricos que permiten establecer diversos índices

10. La frenología se fundamenta en la doctrina de las localizaciones cerebrales, según la cual las distintas funciones del cerebro están localizadas en áreas determinadas y existe un paralelismo entre el grado de desarrollo de estas áreas y la intensidad de las funciones asociadas. De este modo, mediante un examen de la morfología externa de la caja craneal, se podrían descubrir las tendencias innatas de los individuos.

11. Franz Boas, estudiando grupos de inmigrantes en Estados Unidos en 1912, demostró que los factores ambientales podían alterar la forma de la cabeza en el curso de una sola generación. (citado por Harris, 1987)

12. Samuel Morton, en su obra Crania Americana expone las pruebas frenológicas de la superioridad caucásica. (citado por Harris, 1987).

13. Es curioso el hecho de que en el debate de la primera mitad del siglo XIX, normalmente no se encuentra la valoración negativa de la raza semítica que existirá más adelante, sino que incluso se considera como el origen de la raza blanca, llevándose la peor parte la raza negra.

14. Encontramos en las del médico angloamericano William Charles Wells un importante antecedente de la obra de Darwin. Wells establece la correlación entre ciertos pigmentos y la resistencia a enfermedades específicas.

15. Gustav Klemm dividió la humanidad en razas activas y razas pasivas, que seguían un camino evolutivo pasando por estadios de salvajismo, domesticidad y libertad. Situa el tronco germánico como la más alta forma de las razas activas, y postula la necesidad que tienen las razas unas de otras.

16. Waitz critica las conclusiones más extremistas de la Escuela Americana, pero en ningún momento duda de la existencia de razas superiores y razas inferiores, aunque accepta una presunta igualdad psíquica original en todas las razas, y que existían condicionantes naturales y sociales que explicaban las diferencias del ritmo de evolución desde el estadio primitivo.

17. J.A. de Gobineau considera su deber librar al mundo de la idea de que fuera posible que una parte importante de la humanidad llegara a tener una vida mejor y sostiene que la raza lo es todo, negando la influencia del medio sociopolítico o geográfico. Según Harris, sus ideas sobreviven hasta el siglo XX y reciben su expresión última en los genocidios del nazismo

18. Peset, 1983, p.15.

19. Peset, 1983.

20. Citado en Harris, 1987.

21. Citado en Harris, 1987.

22. En realidad, Escuela Norteamericana de Antropología.

23. Filogenia: rama de la biología que estudia el proceso de la filogénesis o proceso de desarrollo de los distintos grupos de organismos en el aspecto específico y sus relaciones evolutivas.

24. Citado en Harris, 1987.

25. Bachman no fue el primer autor en considerar esta cuestión, sinó que encontramos ya un primer antecedente en el siglo XVI, en la obra de Joannes Boemus, El libro de las costumbres de todas las gentes del mundo y de las Indias (1556, citado por Bestard y Contreras, 1987). Esta tesis se fundamenta en la narración de el Génesis:

"Eran, pues, los hijos de Noé, que salieron del arca, Sem, Cam y Jafet: este mismo Cam es el padre de Canaán. Dichos tres son los hijos de Noé: y de éstos se propagó el género humano sobre toda la Tierra y Noé, que era labrador, comenzó a labrar la tierra y plantó una viña. Y bebiendo de su vino, quedó embriagado y desnudo en medio de su tienda. Lo cual, como hubiese visto Cam, padre de Canaán, esto es, la desnudez vergonzosa de su padre, salió fuera a contárselo a sus hermanos. Pero Sem y Jafet, echándole una capa o manta sobre sus hombros, y caminando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre; tuvieron vueltos sus rostros, y así no vieron las vergüenzas de su padre. Luego que despertó Noé de la embriaguez, sabido lo que había hecho con él su hijo menor, dijo: Maldito sea Canaán, esclavo será de los esclavos de sus hermanos. Y añadió: Bendito el Señor Dios de Sem, sea Canaán esclavo suyo. Dilate Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su esclavo" (Génesis, 9, 18-27).

La asociación de los descendientes de Cam con la raza negra tambien es antigua. Bestard y Contreras citan un fragmento de la obra de Vázquez de Espinosa, Compendio y descripción de las Indias Occidentales (1629 [1969]), en el que se refiere a esta cuestión:

"Los hijos de Noé se repartieron por diversas partes del mundo []. Cam, hijo tercero, se fue con los suyos a la parte de África [] y parece que la maldición que le echó su padre Noé alcanzó en particular a todos sus descendientes de aquellas partes de la Etiopía y Guinea, no sólo en ser esclavos los más, sino en el color moreno, efecto de la maldición ejecutada; si ya no es que la constelación y clima de la tierra haya ayudado."

26. Peset, 1983, p.32.

27. Marvin Harris utiliza exactamente el término racionalización (p.84), remitiéndonos a los conceptos de la psicología social. Recuerdese que los procesos de pensamiento autístico necesitan de una racionalización para legitimarse.

28. Harris, 1987, p.84.

29. Harris, 1987, p.92.


Bibliografía

ALLPORT, Gordon W. La naturaleza del prejuicio. Buenos Aires: Eudeba, 1968.

BESTARD, Joan y CONTRERAS, Jesús. Bárbaros, paganos, salvajes y primitivos. Una introducción a la Antropología. Barcelona: Barcanova, 1987.

BROWN, Rupert. Prejudice. Its social psichology. Oxford: Blackwell Publishers, 1996.

HARRIS, Marvin. El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura. Madrid: Siglo XXI, 1987.

METZGER, Wolfgang. Los prejuicios. Barcelona: Ed. Herder, 1979.

PESET, José Luis. Ciencia y marginación. Sobre negros, locos y criminales. Madrid: Ed. Crítica, 1983.

WANDER ZANDEN, J.W. Manual de psicología social. Barcelona: Paidós Ibérica, 1994.

© Copyright: Marta Casas Castañé, 1999
© Copyright: Biblio 3W, 1999


FUENTE:
http://www.ub.es/geocrit/b3w-155.htm

domingo, abril 27, 2008 2:26:00 a. m.  

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